Lo más recienteEl coche no quiso
Llegó el primer frío de octubre y mi coche amaneció sin batería en el estacionamiento del hospital. Unos cables prestados, un taller en Zaragoza y una silla de plástico.
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Querétaro, Querétaro
Enfermera de noche, corredora lenta, hermana de en medio.
Hola, soy Audrey
Hola, soy Audrey. Trabajo de noche en urgencias, duermo de día con tapones y cortinas de búnker, y escribo aquí lo que me pasa en las horas en que el resto de la ciudad está en otra cosa. No hay consejos ni recetas: hay cansancio, risa y alguna concha de vainilla.
Lo más recienteLlegó el primer frío de octubre y mi coche amaneció sin batería en el estacionamiento del hospital. Unos cables prestados, un taller en Zaragoza y una silla de plástico.
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Mi mamá armó la ofrenda en la sala desde el 20 de octubre. Un vaso de mezcal, una foto torcida y una discusión sobre si el abuelo Tomás comía tamales o no.

Me tocó descansar el lunes y mi cuerpo no se enteró. Una cocina limpia a la una, el tren de las tres, la azotea del edificio y los primeros bolillos.

La rodilla me mandó a la banca después del medio maratón. Ahora tengo tres horas libres cada tarde, un mercado lleno de cempasúchil y ningún plan.

Van a remodelar los vestidores del hospital y me tocó vaciar el casillero 23. Una barrita de 2023, una nota de Doña Chela y todo lo que guardé sin darme cuenta.

Ganó la votación del grupo y mi mamá estrenó celular. Una tarde de configurarlo en su cocina, la letra más grande del mundo y un buenas noches a deshoras.

El domingo corrí mis primeros veintiún kilómetros. Un audio de Lucía a las cinco de la mañana, una rodilla con opiniones y tres hermanas en la meta.

Hay una hora en urgencias que no sale en las series. Una señora en la cama seis, un esposo panadero y una concha de vainilla en el estacionamiento.

Leo el grupo de mis hermanas al revés, como todo. Un fin de semana libre, unas gorditas en Bernal y una canción de Maná que las tres odiamos.

Me inscribí a un medio maratón con una galleta María en la mano. Ahora corro en las tardes, al revés de todos los planes de entrenamiento.

Seis años en el turno de noche, unas cortinas blackout pegadas con cinta de aislar y la guerra diaria contra el vecino, el gas y la culpa.